SITUACIÓN ACTUAL
El comportamiento del turismo no está siendo ajeno al agotamiento del ciclo expansivo de la economía europea. Para buena parte del Sector Turístico español, el ejercicio de 2001 se consideró como el último de los "años buenos", después de más de un lustro de crecimiento sostenido, cuantificado por encima del 10% anual. El punto de inflexión vino marcado por los sucesos del 11-S, si bien a lo largo del ejercicio 2001 ya se había iniciado la contracción de la demanda. La incidencia global sobre la economía mundial del 11-S aún resulta difícil de calibrar. Más de un año después, el Turismo en España empieza a mostrar síntomas de recuperación. Pero esta leve mejora es debida a la asunción de una profunda reestructuración en los modelos de explotación de los diferentes Sectores y Segmentos que conforman la actividad turística, especialmente el del transporte aéreo.La impresión generalizada de los diferentes agentes turísticos es que la actividad global del turismo experimenta en España "descensos" o, a lo sumo, "se mantiene" en niveles similares a los de 2001. Se advierten variaciones sustanciales según cada Sector y Segmento, pese a lo cual el volumen de facturación general en 2002 es "similar" al del ejercicio anterior, según el «Informe de Coyuntura». La rentabilidad de las empresas es "menor" en la mayoría de los casos, sobre todo debido a los costes de producción (que "han crecido") y a la evolución de los precios (que "se han mantenido", según la opinión del Empresariado), mientras el volumen de operaciones va de "igual" a "algo mayor", de acuerdo con la gran mayoría de las compañías consultadas. En cualquier caso, tan sólo un 4% alberga expectativas "pesimistas" ante el futuro inmediato, mientras que la mayoría piensa que la evolución del Sector es "impredecible" (51%), si bien casi la mitad de las empresas se muestran "optimistas" (45%) a corto plazo.
El gasto de las empresas en viajes de negocios es "menor", mientras que el dinero que invierten los españoles en vacaciones y desplazamientos en general "ha crecido" o "se ha estancado", según la mayoría de los encuestados.
La influencia de los atentados de Nueva York y Washington ha sido muy importante en el Sector Turístico. Su incidencia ha sido perceptible sobre todo en "el incremento de ofertas de última hora", fórmula con la que las empresas han reaccionado ante una temporada que se vaticinaba incierta desde principios de año. La «Encuesta de Coyuntura» muestra también como efectos más inmediatos de la convulsión turística generada por el terrorismo internacional: la "proliferación de descuentos" (hasta 2001 asociados a la reserva anticipada de plazas) y la "competitividad entre empresas" (que se ha expresado en una feroz "guerra de precios", más acusada aún que en temporadas anteriores).
Los agentes turísticos han realizado un gran esfuerzo por estimular la demanda, que se traduce en un "incremento de los gastos de promoción". En un segundo plano, el «Informe de Coyuntura» apunta también la influencia que ha tenido el comportamiento irregular del turismo receptivo, como consecuencia de la "contracción de la demanda en grandes mercados emisores", así como por la "aparición de nuevos destinos y países receptores", a lo que se añade el efecto de una mayor tendencia a la "concentración empresarial" para adquirir más tamaño desde el que concentrar compras y afrontar mejor los retos futuros.
La reacción de las Administraciones públicas ante los numerosos síntomas de crisis que se han ido manifestando durante 2002 es valorada "negativamente" por la mayoría de los encuestados. Casi la mitad de ellos considera que las iniciativas y ayudas oficiales han sido "insuficientes". Si bien el Empresariado turístico valora "positivamente" el esfuerzo institucional realizado en materia de promoción, demanda acciones concretas y directas en aspectos como la fiscalidad de las empresas en "la reinversión de beneficios" y aspectos relacionados con la "mejora de la calidad".
El presupuesto de la Secretaría de Estado de Comercio y Turismo para promoción en 2002 aumentó un tercio (32%), hasta alcanzar la cifra de 46 millones de euros, según el Ministerio de Economía. La partida dedicada a la publicidad de España en el extranjero como "destino turístico seguro" se llevó el 40% de este presupuesto (en buena parte dirigido a los mercados emisores alemán y británico, que aportan alrededor de la mitad de los turistas que entran en nuestro país), pese a lo cual todavía la inversión en promoción es considerada "insuficiente" por las empresas.
En este sentido, una de las conclusiones más nítidas del comportamiento del turismo receptivo en lo que va de año (de enero a octubre) es la "desconexión" entre el menor aumento de la entrada de turistas en España en relación con ejercicios anteriores y la desigual evolución de la ocupación hotelera ante el estímulo de la demanda interna (sobre todo en los meses estivales de agosto y septiembre), así como el descenso de los ingresos, reflejado en las estimaciones del Empresariado turístico, pero que podría estar contaminado por las dificultades estadísticas en la contabilización del efecto euro.
Esta tendencia se refleja también en el emisor. Asociaciones empresariales de agencias de viajes y grupos comerciales de compra son unánimes a la hora de señalar que los beneficios han descendido o se encuentran estancados, mientras que para impulsar el crecimiento del consumo ha sido necesario recurrir a fuertes inversiones en campañas promocionales que han mermado aún más la ya escasa rentabilidad media de las agencias, evaluada en torno al 1% de la facturación.
El acusado retraso en las reservas de verano y las compras de última hora (alentadas por los descuentos y la guerra de precios entre grandes agencias) muestran un mercado emisor singularmente dinámico, pero con tendencia hacia la inestabilidad. Se aprecia un progresivo acortamiento en la duración de las vacaciones y una mayor fragmentación de las mismas, si bien este factor resulta positivo al estar fomentando la ansiada desestacionalización.
Las empresas turísticas están muy sensibilizadas hacia la necesidad de reducir costes estructurales, entre los que se destacan los "gastos de distribución" (agencias de viajes y sistemas globales de distribución), la "reorganización y reducción de plantillas" y la "concentración empresarial". Pese al entorno desfavorable, los grandes grupos están poniendo en práctica políticas de expansión, cuyo objetivo es el crecimiento y la recuperación de la rentabilidad, impulsando alianzas estratégicas, en el marco de un notable esfuerzo en la implantación de sistemas de calidad que sean apreciados por el cliente, agregando así mayor valor añadido al servicio que prestan.